Un archivo plebeyo

Las imágenes que ves al fondo de esta pantalla corresponden a lugares de Ecatepec y otros municipios ubicados en las periferias de la Ciudad de México y el Estado de México. Los nueve pueblos precolombinos se transformaron, durante el siglo XX, en una de las localidades más pobladas del país. Las fotos muestran cerros y predios baldíos, pero en esos mismos lugares caminaron los mamuts. El desierto llegó con la urbanización y el arribo de miles de personas y familias desde distintos puntos de México. La prehistoria convive, ahí, con las reconfiguraciones del capitalismo, la sequedad de la tierra, la desigualdad y la violencia. También con la esperanza y el esfuerzo.

Las instantáneas visibles en la pantalla muestran los cuerpos y los gestos de personas jóvenes. Muchas de ellas son estudiantes de la Preparatoria Francisco Villa, donde el maestro Manuel Amador ha dado clases desde 2006.

Este portal reúne el archivo que Manuel ha construido a lo largo de su trabajo pedagógico y político en los territorios de Ecatepec y como testigo de sus procesos sociohistóricos. Algunas de las fotos muestran mujeres manifestándose contra la violencia de género y el feminicidio, quienes denuncian la precariedad de las vidas y la impunidad de las instituciones.

Este archivo, del que solo seleccionamos algunos materiales, constituye un sismógrafo ético, político, cultural y estético de la historia reciente de algunas localidades de la periferia urbana, que es también el devenir de muchos otros espacios en México, marcados por las políticas neoliberales, la expansión de las ciudades y las luchas por la dignidad personal y colectiva.

Diremos que se trata de un archivo plebeyo, construido con las intervenciones, los cuerpos y las imaginaciones de sujetos que no ocupan posiciones centrales en la política, las instituciones culturales o los medios de comunicación. Sus prácticas se despliegan en un territorio para poder habitarlo de otras maneras e inscribir sus deseos de autonomía y pertenencia en la superficie misma de una tierra viva.

Las pedagogías que Manuel Amador ha creado a través de su trabajo cotidiano con estudiantes, colegas, activistas, académicos, periodistas y artistas, condensan modos colectivos de pensar y actuar. El archivo reúne y expone una labor reflexiva que se desarrolla en los cuerpos, los afectos, la memoria, las sensibilidades y las experiencias. Es un logro compartido, sustentado en una apuesta persistente por pensar desde abajo, como sostiene el mismo Manuel.

¿Dónde está ese abajo del que hablamos? El adverbio apunta a modos de pensar una topología de la política que ha ubicado la soberanía en las cúspides, en los tronos, en las pirámides. Estas pedagogías se realizan a ras de piso ante el horizonte abierto de los paisajes de la periferia, pero también frente a los inconmensurables espacios de la imaginación y el deseo. Son archivos menores que hablan las lenguas institucionales para crear su propio dialecto, en el que se cruzarán las voces de las calles y el lenguaje cotidiano con la poesía o la filosofía.

En las fotos que se deslizan por la pantalla mientras lees este texto, verás rostros y máscaras, cruces, el cielo azul, un canal de aguas negras, globos, afiches, los cerros que rodean Ecatepec. Divisarás la ciudad y los bordes de la naturaleza; gestos fieros y adoloridos. Este archivo es un acopio de vitalidades y deseos que convive con sedimentos históricos y contemporáneos de injusticias y violencias. Su poder reside en la decisión de guardar y mostrar esos movimientos de larga duración junto con la experiencia común más inmediata.

Este es un archivo de las periferias construido desde ellas, hecho por quienes las habitan. La imaginación que emerge de los materiales, que encontrarás en las distintas secciones, surge de la densa trama histórica y cultural constitutiva de formas de vida y subjetividades. Las periferias no son las orillas de las ciudades, sino los lugares donde millones de personas construyen sus mundos y organizan sus vidas. Sitios de las potencias de la creación humana.

Manuel Amador ha trabajado con paciencia y ha sabido escuchar y acompañar. Guardó textos escritos en hojas de cuadernos, pequeños relatos, máscaras, fotografías y videos. Reconoció el valor excepcional de la creatividad de las personas a quienes enseña y con las que trabaja, de las mujeres que exigen justicia o de los jóvenes que inventan formas de expresión y existencia. Su pedagogía es una morada abierta a múltiples historias, a incontables vidas que ha acompañado en sus desgracias y dolores.

Con este archivo deseamos darle otro lugar, una habitación compartida, para que otros y otras puedan entrar en ella, recorrer sus espacios, leer los textos, detenerse en las fotos, escudriñar los videos, seguir los itinerarios e imaginar las voces y los afectos. No hay otra instrucción distinta a las del deseo, ni otro trayecto opuesto a los de la curiosidad y la empatía.

Hay algunos rasgos del trabajo multifacético de Manuel que es necesario destacar para comprenderlo con profundidad. En primer lugar, no hay una distinción tajante entre pensamiento y acción, lo que permite que sus alumnos y alumnas puedan construir reflexiones complejas a través de sus propios cuerpos y sus vidas, además de actuar sobre el mundo como un ámbito abierto a sus imaginaciones. Las prácticas colectivas son también estrategias de construir subjetividades mediante una intervención situada en los obstáculos socio-estructurales interiorizados y en las potencias vitales e intelectuales que inauguran nuevas posibilidades y horizontes.

En segundo lugar, no existe una diferencia entre el aula y la calle porque ambos son espacios de sociabilidad donde se ponen en juego las capacidades compartidas de crear y experimentar lo común. De esta manera, las performances y otras acciones artístico-políticas son también procesos pedagógicos por medio de los cuales sus participantes despliegan saberes e imágenes que permiten pensar las condiciones estructurales y las inscripciones territoriales e institucionales donde viven.

En tercer lugar, tampoco se traza una separación sustantiva entre un saber académico y otro heredado o experiencial, así como no se apartan los procesos reflexivos de los afectivos. Esto permite que los dispositivos formativos no escindan a los sujetos de sus experiencias y apropiaciones del mundo. Hacer con otros y otras es, también, hacer a uno/a mismo/a.

En cuarto lugar, las intervenciones político-artísticas en las calles o en sitios significativos para denunciar la violencia contra las mujeres o los feminicidios son interrupciones de la impunidad normalizada, que crean un ámbito de expresión colectiva. En esa medida, los discursos se sostienen en los cuerpos y la imagen constituye un modo de enunciación política.

Por último, lo anterior se relaciona con la indistinción entre alta cultura y cultura popular o los límites que acantonan el arte en sus registros institucionales. Manuel Amador sostiene que todas las prácticas que realiza con sus alumnos y las activistas son prácticas artísticas, aunque no se localicen en los circuitos oficiales de legitimación. Este ejercicio produce otra periferia no solo geográfica, sino también institucional. Pero implica, por otro lado, que las diferencias son resquebrajadas y las formas de apropiación de los saberes colectivos son cuestionadas. Lo común de la calle corresponde con lo compartido del arte.

Por las coordenadas que describimos líneas arriba, creemos que el archivo de las periferias se puede comprender como un itinerario por la historia reciente de esos territorios urbanos y de la vida de las clases populares, de las mujeres y los/as jóvenes que los habitan. Es un registro de prácticas artísticas y acciones políticas que elabora y sostiene una mirada sobre los cuerpos y las vidas que moran en esos espacios.

Este portal nos conduce hasta los momentos, las acciones y los lugares donde se suscita y se comparte la dignidad y la justicia. Muestra las escenas cotidianas de un salón de clases, pero también nos conecta con los deseos de un profesor por instaurar una pedagogía y una estética transfiguradas en una memoria social. Este archivo es un acto de persistencia.

Un autor muy apreciado por Manuel diría que el ángel de la historia evocado por Walter Benjamín para pensar las relaciones entre progreso y violencia, tornará su rostro no sólo para observar las ruinas sino también para contemplar los archivos, este archivo plebeyo.

 

R. Parrini, 2 de octubre 2025