Mujeres de papel fue una actividad generada en el taller “Mujeres, arte y política”, replicada por los grupos de sexto grado de la escuela preparatoria donde imparto clases. El papel fungió como símbolo de lo que puede ser maltratado con facilidad, metáfora de los cuerpos vejados de niñas y mujeres, depositarios e impregnados —a su vez— por manchas de violencia.
La propuesta surgió de las chicas del taller, quienes crearon faldas y blusas de papel. Este material, intervenido con colores, se convertía en un lienzo que daba forma y tono a la violencia sufrida por quienes la han experimentado.
Otro ejercicio psicomágico: las manos de las participantes fungían como instrumento para extraer las violencias de su memoria. Fue con ellas que mancharon la indumentaria de papel, mientras los colores (rojo, morado, naranja, amarillo) significaban y daban forma a las violencias.
La acción se completó con el uso de objetos que buscaban visualizar y concientizar sobre la emancipación de los cuerpos. Las violencias también son ataduras, por eso las participantes anudaron cosas extraídas de sus casas: ropa propia y de los padres, cinturones, utensilios de cocina, instrumentos de limpieza, cuchillos, lazos, juguetes, peluches.
El performance se realizó en una cancha de la colonia. Al final, tras cobrar conciencia de las ataduras, tiraron los objetos y rompieron los vestidos de papel: forma simbólica y colectiva de aniquilar esas violencias como un proceso emancipatorio y, entre todas, construir un abrazo a favor de la vida de la vida y la justicia. Una pedagogía que procura reparar los cuerpos de manera colectiva.
Fotografías: Neri Castillo