La pregunta detonadora para este ejercicio es: ¿qué factores sociales y culturales influyen o han influido para que piense que mi vida no tiene sentido? Las respuestas no solo recuperan conocimientos sobre la vida y su significación desde las voces de las y los jóvenes, sino que buscan identificar aquellas afectaciones causadas por las condiciones sociales, culturales y políticas de un entorno donde la violencia es estructural.
Un par de escritos significativos que puedo recuperar son los siguientes:
En un momento de angustia y situación solitaria donde el pensamiento estaba noqueado por la situación que sentía con demasiados problemas familiares, amorosos y personales, me perdí de mi propia vida. No captaba en esos momentos la pregunta constante, ¿dónde perdí mi propio control?
Solo menciono lo de una vez, pues mi mamá había ido a mi escuela por la firma de boletas y llegó con mi tutora y le preguntó, ¿cómo va mi hija? Le dijo que yo soy muy tranquila, pero de qué sirve si sólo me quedaba sentada y no le había entregado algunas tareas y mi mamá no me dijo nada, solo se me quedó viendo como diciendo en la casa lo vemos. Llegando a la casa me empezó a decir muchas cosas y hubo un momento en el que me dijo que le daba vergüenza que yo fuera su hija y que solo le daba problemas. Y me empezó a comparar con las hijas de varias vecinas que van bien en la escuela y cosas así. Fue la cosa que más me ha dolido de mi vida, nunca le reclamé nada. Me quedé callada incluso en ese momento, ¿que se supone que haría? Me sentía con impotencia, me sentía basura.
Esta actividad permite indagar a profundidad, por medio de la escritura libre, las valoraciones, las representaciones, y las experiencias que para los jóvenes se han traducido en una pérdida de sentido de sus vidas. Los textos ayudan a potencializar nuestra mirada sobre la realidad en que viven las y los estudiantes para fomentar el reconocimiento, una toma de conciencia que desnormalice los daños que existen colectivamente.