SOCIOPEDAGOGÍAS ANTE LA VIOLENCIA, EL DAÑO Y EL MALTRATO

La pedagogía contra la violencia, el daño y el maltrato visibiliza, como parte de un proceso dialógico colectivo y con el arte, los daños humanos en espacios sociales precarizados, donde priva la impunidad, la falta de justicia y el abandono estatal, entre otros. Se trata de nombrar y visibilizar las afectaciones y los malestares generados por un sistema social, económico y político neoliberal de despojo, omisión y normalización de prácticas violentas desde quienes son afectados directamente.

Esta metodología pedagógica parte del reconocimiento de la palabra y del cuidado de la escucha de las personas afectadas para recuperar experiencias sensibles y vitales que amplíen el espectro del problema desde lo que se vive, se habita y desencadena en la vida cotidiana.

En sentido estricto, son las personas afectadas quienes generan el conocimiento y los saberes desde su propia experiencia de vida; son ellas quienes, a través de un proceso dialógico, hacen consciente las violencias simbólicas y materiales cuyas formas reconocen entre los males sociales que se silencian y normalizan. Así, en el contexto escolar, las y los estudiantes cuestionan las formas anímicas en que se encuentran, producto de la precarización. Estas pedagogías contribuyen a aminorar tensiones sociales como la frustración, las violencias y las repercusiones e impactos que traen la hostilidad, la desigualdad y la exclusión.

En la periferia de la Ciudad de México, el daño y la violencia son latentes, y ambos causan grietas profundas en la condición humana. En estos lugares, a las mujeres pobres se les ha cancelado el acceso a la justicia, a la libertad y a la vida. Un aporte pedagógico desde las diversas acciones y prácticas con la intención de humanizar lo deshumanizado, generar una mirada ética hacia los cuerpos omitidos y destruidos.

Las prácticas artísticas, como el dibujo y el performance, generan un discurso alterno de derechos humanos a favor de las vidas. En esas zonas urbanas existe una realidad insostenible hecha de desesperanza, desesperación, frustración, odio, desigualdad, criminalidad, machismo, miedo y silencios. Sin embargo, también se han tejido formas de vida y supervivencia. El performance ha sido un gran instrumento que recurre al cuerpo como lienzo para refractar las violencias y los daños con el propósito de materializar y visibilizarlos; el cuerpo como espacio para decir e impugnar el maltrato.

Desde 2011, con este tipo de performances hemos conseguido una serie de saberes concentrados, dialógicos y sistematizados como el taller “Mujeres, arte y política”.  En el marco de estos espacios abordamos la necesidad de fomentar la investigación social a partir de la experiencia y el contacto con distintas problemáticas que describen ciertas formas de vida, pero también desde la producción de saberes desde abajo, es decir, lo que las y los alumnos vivían e investigaban. Las herramientas metodológicas han sido diversas: elaboración de proyectos, entrevista, historias de vida y relatos desde la vida cotidiana.

La peculiaridad de la investigación desde abajo es fortalecer la conciencia de la realidad para que alumnas y alumnos generen propuestas de intervención o solución de esos problemas, es decir, fomentar la autoestima, deteriorada por las mismas dinámicas sociales precarizadas en espacios de violencia, impunidad y arbitrariedad. Fue y ha sido una enseñanza de la mirada: nombrar para hacer conscientes las violencias, las formas de la discriminación y el maltrato normalizado. Se trató igualmente de enseñar estrategias y herramientas para extraer el dolor. El arte, la escritura, la pintura y los objetos que devienen en violencia se pusieron en práctica para hacer ver y reflexionar. En otro sentido, las acciones de arte performático participaron de un proceso dialógico en el que la necesidad ética de decir con el mismo cuerpo se tradujo en una verdad social. Fue hurgar entre el dolor, generar un diálogo de y con los cuerpos silenciados.

Fue un desafío ir hurgando, desde el cuidado, entre lo destruido para extraer las violencias de los cuerpos aturdidos por los efectos del neoliberalismo de las periferias y el olvido. ¿Cómo buscar los artefactos para sacar a los “cuerpos en shock” del daño y el silenciamiento? Para ello es importante desentrañar y mirar el cúmulo de violencias que se encuentran dentro de esa realidad.

Al recoger saberes desde abajo, se antepone la escucha de formas de vida  que se constituyen en lo cotidiano y han naturalizado violencias, omisiones, indolencias y crueldades. El objetivo es armar un diálogo y construir conocimiento desde las propias palabras de quienes padecen la exclusión; un saber que resignifique el sentido. A partir de este abordaje surgieron una serie de conceptos, y categorías para denominar los espacios sociales de violencia.

Prácticas pedagógicas desde abajo
Mujeres, Arte y Política

En estas sociopedagogías emancipatorias, el cuerpo se concibe como un espacio que acumula realidades e historias y desde su propia materialidad es posible reconstruir el tejido social destruido. Por otro lado, el diálogo en colectivo ha sido una herramienta para romper el miedo y el silencio en sitios donde se ha normalizado el maltrato. Hablamos, en suma, de estrategias de respuesta desde las personas, donde se fomente la valía y el hacerse cargo de los problemas sociales propios, de los sentires y anhelos.

Una de mis motivaciones es visibilizar y simbolizar los efectos que en las periferias ha causado el abandono de los gobiernos: el desarraigo cultural, la violencia, el machismo, el racismo, la discriminación, el feminicidio, la misoginia criminal, la desigualdad, la pobreza, la precariedad laboral, la desesperanza, la identidad precaria y el suicidio en adolescentes, entre otros. ¿Qué relaciones guardan entre sí estas problemáticas? La clave para responder parte de un ejercicio dialógico desde el salón de clases y los espacios sociales comunitarios, teniendo como herramienta el debate con las y los jóvenes sobre el modo en que experimentan y sienten dichos problemas sociales. En un segundo momento, recurro al arte para hacer visible el maltrato desde un boceto, un dibujo o la fotografía. El cuerpo, como lienzo en la elaboración de un performance, también acude en la tarea de denunciar las violencias y los daños.

Al potenciar los saberes generados en colectivo, las y los jóvenes pueden tomar conciencia, hacerse cargo de sus propios padecimientos y, a la postre, emanciparse, ser críticos y advertir las características de lo humano-deshumanizante.

Sin embargo, existen otras experiencias epistémicas y de abordaje de temas como el desarraigo cultural, la discriminación, la racializacion en las relaciones y conductas que destiné para un proyecto alterno llamado “Los daños humanos del neoliberalismo”, dirigido a personas que viven en las periferias. A lo anterior se suman las acciones en colectivo generadas desde la Red Denuncia Feminicidios Estado de México, que retomaron algunas de estas sociopedagogías para acompañar a familiares, visibilizar a víctimas de la violencia dentro de la periferia.

 

Manuel Amador
Octubre 2025