La enseñanza conducida sobre cómo respirar busca focalizar la atención y la concentración para algunas actividades entre las y los estudiantes. Se trata de que sientan y miren hacia dentro de sí en un proceso guiado para encontrar al animal interior.
Al repetir continuamente la inhalación y la exhalación al compás de la música y de la voz guía del profesor, no solo motivamos que las y los alumnos tomen conciencia de sí y su entorno, sino que alcancen serenidad. Esta práctica es funcional en grupos pequeños.
La música suave o instrumental sirve mucho para relajar los cuerpos, es un vehículo generador de un ambiente donde pueden fluir mejor las actividades escolares, una herramienta importante para generar vínculos con lo perceptivo y sensorial, salir de la experiencia acelerada de vivir y propiciar experiencias pedagógicas vivenciales.
Por su parte, la voz del profesor es un móvil de exploración interna. Primero, para aprender a respirar, luego para generar una concentración con los ojos cerrados y, finalmente, el comienzo del trabajo. Hay una insistencia en que las y los estudiantes ubiquen las sensaciones y emociones de su cuerpo por medio de enunciados como “encuentro un paisaje”, “sigo avanzando”, “y, de repente, veo”, “sigo caminando”. Es la voz de un “Yo” en sentido personal sin que necesariamente diga en forma explícita que se conecten con lo que sienten, perciben, imaginan o el mundo de representaciones simbólicas que guardan o contienen sus cuerpos emocionales, mentales y físicos.
En un principio, los estudiantes no saben a dónde van a ir, pero una vez que cierran los ojos y el profesor los guía, van explorando distintos estados de ánimo. Es una actividad que dura entre 5 y 8 minutos.
El siguiente paso es pedirles que imaginen están caminando en un bosque y avanzan, que sientan sus pies y cómo pisan la tierra. Entonces, les pedimos ideen un paisaje y sigan andano hasta que se topan con un animal que los mira. Ese ser camina a su lado, no se asusta y tampoco a quien compaña. “Estoy muy cerca de él”, les decimos, “me mira a los ojos y él a los míos”, “lo contemplo y me contempla”. De este modo, las y los estudiantes van dando forma a su animal interior.